El mundo partido en dos

Alguien ha partido el mundo. No sabemos quién ni cuándo, nadie lo vio. Es un abismo hondo, lo veo desde lo alto de mi casa y parece que no tiene fondo. De ahí surge un río caliente; la delgada línea que se mueve -supongo es su corriente- emana luz rojiza desde su profundidad. Puede que tardes mucho tiempo en llegar al mar herviente si por razón alguna llegas a lanzarte.
Al principio nos asustamos, pero nos hemos acostumbrado despacio a vivir así.

Dejamos al tiempo correr, sin imaginarnos lo que pasaría. Por la mañana al despertar, nos dimos cuenta de nuestro espacio inalcanzable, fue entonces que nos resultó imposible de atravesar.

El abismo del que hablo está en medio tuyo y mío. Cruza la calle, separa nuestros hogares, no podemos siquiera acercarnos por temor a caer.

Aunque no pueda hablarte, tu confianza lejana me deja pensar en ti, y en mis pensamientos decir tu nombre aunque no sepa en realidad cuál es. Sin palabras, desnudos, intentando por lo menos comprender la naturaleza del caos, nos conformarnos con estar ahí y decirnos en silencio que desde lejos intentaremos protegernos.
Alguien ha partido el mundo en dos. No sabemos quién ni cuándo. Nadie lo vio. Llego a pensar, quizá nosotros mismos hemos clavado la cuchilla, la estocada final que causó la llaga podrida, sin esperanzas de sanar. Almas heridas, uno de tantas, tantas de miles.
En el sitio en el que te encuentras, también ves lava fluir. Entonces el río enfurece, la corriente se torna más salvaje, lleva tumbos de ansiedad.  Me imagino allá a tu lado. Cómo serían las cosas si el mundo no estuviera separado. Si nosotros estuviéramos juntos, para así perpetuarnos más allá de la mirada.

Amanece y permanecemos quietos, enervados por la droga invisible, del deseo de la noche, el brillo tenue de otros soles, los otros ojos, los de Dios.

Después de unas horas, volvemos a prestar atención ahí abajo. La enormidad nos sigue separando. No podemos hacer nada, tan sólo vigilar el gran vacío con incredulidad.

Sin embargo, nunca te he sentido lejos.

Como todas las noches me pongo a pensar. ¿Por qué a pesar de que el planeta está golpeado, todavía sigue girando? ¿Todavía existe algo que le impida desmoronarse? ¿Por qué alguno de los dos no ha tenido el valor de cruzarlo?  Yo aquí y tú allá. Siento que puedo intentarlo, puedo saltar. Si caigo al umbral infinito ¿Qué es lo que harás? ¿En medio de este desastre, aún podremos escapar?
Hay veces en que siento que somos inmensos, y otras como realmente somos: tan sólo dos átomos en el universo.

Yo lo sé

Todo está planeado, lo hemos ya calculado. Me dirigiré silenciosamente hacia la hamaca donde estarás sentado, te ves tranquilo, con aquella camisa sucia pero que me gusta como huele. Huele a puro del tabaco del que fumas, huele también a perfume, agua de colonia, huele a tus largos pasos por el sendero de la vida.
Acabas de llegar de la calle, quién sabe dónde te habrás metido. Pedirás un vaso de agua. Te lo llevaré y tu lo aceptarás, pero ambos sabremos que esa no es tu traviesa intención. Sé perfectamente que cuando termines de beber, arrojarás ése vaso, por sorpresa tomarás mi mano y no me soltarás. Yo trataré de zafarme, claro está, pero tampoco me voy a soltar, en realidad no quiero; al final tu nieto siempre logra caer en tu broma. Me revolcaré en el suelo y el pasillo se inundará de gritos y carcajadas a causa de las cosquillas que me haces con tus manos ya dañadas por los años.
Me levantarás y me sentaré en tus piernas, estarás algo cansado, otra vez no te dejaron dormir los duendes que dices que mecen tu hamaca por las noches. ¡Malditos duendes, los odio tanto! Pero ya no te dejaré solo, estaré contigo, quisiera curar tus heridas que de repente te salieron en la piel por que según te la pasabas comiendo muchas cosas dulces, pero mi abue no me deja, yo no creo que mis dulces te hayan enfermado, cuando pueda, a escondidas,  te llevaré de los que te gustan, pero sólo unos cuantos.
Me recostaré a tu lado y me contarás mi cuento preferido, si, aquél que hablaba del gigante come niños que vivía en el cerro, y que un día, tus papás y los de tus amigos capturaron, y es que se va la tarde demasiado rápido. Mientras en la sala ven la tele, antes de que mi má llegue de trabajar, nos mecemos en tu hamaca.
El cuarto oscuro y el resplandor azul de la televisión como que nos hipnotiza,  en este largo pasillo y al otro lado el patio que dejar ver el cielo estrellado. Poco a poco iré cerrando mis ojos y los dos caeremos dormidos.
Sé que la próxima vez que los abra, tú seguirás ahí, yo sé que algún día te volveré a ver, sé muy bien que tarde o temprano despertaremos juntos otra vez.