Retratos

En la academia, una de las primeras tareas del maestro Marco Aulio Prado fue que realizáramos un autorretrato. No tenía dominio en dibujar facciones y mis autorretratos eran peores. Es difícil verse a sí mismo. Cuando el yo del pasado se hace tan distante, es cuando al fin puedo sentirme orgulloso de él y aceptarlo. No sucede lo mismo con las demás personas que pinto. Cuando se trata de otros, la pauta está en qué tanto te adentres a conocerlos, encontrar la luz de sus historias y el cariño que depositas en ellas.

Series anteriores

EL GRAN VIAJE / 2010-2017

La mayoría de las cosas que hice entre el 2010 y 2017 fueron series de dibujos digitales y pinturas a las que decidí llamar «El gran viaje». Son el testimonio más temprano de cómo empecé a pintar. Tiene aroma a tiempos pasados, a nostalgia, a una infancia que  a muchos afortunados nos tocó vivir, pero sobretodo a la pureza e inocencia que nos regala esa edad.

Le he estado diciendo adiós a mis niños voladores de sueños. No es que no vuelva a pintar algo así, pero si lo hago, no será nada nuevo. Sería algo que no alcancé a hacerlo a tiempo. Veo esos trabajos y me siento contento. Fue una buena terapia para tratar de olvidar, para volverme a enamorar, y sí, logré hacerlo dos que tres veces. Quise hacer cosas fáciles, bonitas, quise meterme en sueños porque en los sueños uno se encuentra con mucha gente. La nostalgia se está yendo, el amor se queda. Las estrellas siguen ahí, las estrellas son bonitas, el cielo es bonito, un niño volando también lo es. Volando sin saber a dónde irá.

A quién le importa…

Buscaba fotos inéditas del Pride del año pasado y encontré estas. Nunca había ido y como tenía vacaciones me dio curiosidad. Me acompañó mi prima Rosa Luz. No esperaba más que pasar un buen rato. Pero pasó algo más. Es imposible no contagiarse de ese sentimiento que aún sigo sin poder explicar. Ver a toda esa gente orgullosa, alegre. Siendo feliz. Nos unimos a la marcha y sentimos esa calidez, esa fraternidad. Escuchaba de repente un murmullo silente, algo que avanzaba entre la multitud muy en mi interior me decía, «Tranquilo, ya sé por qué estás aquí. Qué bueno que viniste». Alguien comenzó a cantar «A quién le importa?» de Alaska. Esa canción es un himno. No me di cuenta en qué momento comenzamos a corearla también. Pensé en los demás, el motivo por el cuál la entonaban; seguramente la mayoría por celebración. Otros por resistencia. Y algunos, pero no por eso pocos, de esperanza, de aliento. Cuántas historias de amor, reflexión, de aceptación, de valentía, angustia o hasta de dolor, habrán tenido que pasar para que podamos cantar «A quién le importa lo que yo diga? A quién le importa lo que yo haga?»

Aún

Porque sé que todos los caminos llevan a ti, uno tras otro, sin querer o deseándolo… siempre queriendo pensar y hablar sobre ti. Pero es que tales senderos han sido demasiado largos, y a veces te preguntas si algún día podremos regresar a la normalidad. Después de un buen de tiempo de avanzar, aún no logro alcanzar a ese niño y contarle tantas cosas, preguntarle si lo estoy haciendo bien, si es permisible continuar cometiendo mil tonterías… Mientras te sigo llevando aquí, donde guardo todo lo que no quiero que muera…

You are coming home, are you still alone? Are you not the same as you used to be?

Donde habita el señor

Con esta pieza participé en la XXI Bienal del Pacífico de Pintura y Grabado «Javier Mariano». Cuatro figuras alusivas a las danzas tradicionales de San Bartolomé Apóstol aparecen en la escena. El toro es la presencia dominante dentro de sus festividades tanto de tinte cultural como pagano. Los cocoles se encumbran y los protagonistas de está alegoría conciben un nuevo imaginario. «Donde habita el señor» / Acrílico sobre lienzo / 80 x 100 CM