Zetiuz

Esta historia comenzó a mediados de 1986. Fue en el verano de aquellos tiempos cuando Rei, un niño de ocho años alzó la mirada al cielo y vio una gaviota volar mientras avanzaba en el viejo autobús junto a Astro, su padre.

El ave volaba a la misma distancia que avanzaban entre carreteras y prados llenos de soledad. Rei anheló también surcar los aires. Quiso extender sus manos y esperar a que una fuerza extraña lo levantara. Mientras las ruedas estaban en marcha, cerraba los ojos y descubría nuevos caminos.

 

Cheiropteron

 

I

Si quieres no cagarla tanto en el amor (y en la vida), aprende a distinguir el sabor de los besos. De verdad, te sacan de muchos apuros y aprietos. Aprende a distinguir de qué están hechos. No hablo de distinguir si saben a menta o a un taco al pastor, o a mota o a Marlboro. Hablo de su mecanismo, de su lugar de origen.

Retratos

En la academia, una de las primeras tareas del maestro Marco Aulio Prado fue que realizáramos un autorretrato. No tenía dominio en dibujar facciones y mis autorretratos eran peores. Es difícil verse a sí mismo. Cuando el yo del pasado se hace tan distante, es cuando al fin puedo sentirme orgulloso de él y aceptarlo. No sucede lo mismo con las demás personas que pinto. Cuando se trata de otros, la pauta está en qué tanto te adentres a conocerlos, encontrar la luz de sus historias y el cariño que depositas en ellas.

El gran viaje

La mayoría de las cosas que hice entre el 2010 y 2017 fueron series de dibujos digitales y pinturas a las que decidí llamar «El gran viaje». Son el testimonio más temprano de cómo empecé a pintar. Tiene aroma a tiempos pasados, a nostalgia, a una infancia que  a muchos afortunados nos tocó vivir, pero sobretodo a la pureza e inocencia que nos regala esa edad.

Le he estado diciendo adiós a mis niños voladores de sueños. No es que no vuelva a pintar algo así, pero si lo hago, no será nada nuevo. Sería algo que no alcancé a hacerlo a tiempo. Veo esos trabajos y me siento contento. Fue una buena terapia para tratar de olvidar, para volverme a enamorar, y sí, logré hacerlo dos que tres veces. Quise hacer cosas fáciles, bonitas, quise meterme en sueños porque en los sueños uno se encuentra con mucha gente. La nostalgia se está yendo, el amor se queda. Las estrellas siguen ahí, las estrellas son bonitas, el cielo es bonito, un niño volando también lo es. Volando sin saber a dónde irá.