

Cierta noche en el futuro, en la oscuridad de una carretera, antes de cruzar los últimos pueblos, un anciano detuvo su autobús muy antiguo y se bajó a contemplar las estrellas.
No era una noche cualquiera. La gran tormenta solar daba consuelo a la humanidad con auroras boreales a lo largo y ancho. El cielo estaba tan estrellado que parecía que todos los astros y satélites descompuestos allá arriba, soltaban sus últimas energías y caían para despedirse de la tierra y no volver a brillar jamás.
Mientras encendía un cigarrillo, escuchó a lo lejos el sonido de algo que venía. La neblina al principio lo dejó ver solamente un resplandor, que cada vez se hacía más fuerte y opaco a medida que se acercaba. Cuando estuvo a pocos metros, la luz delantera de la pequeña nave se apagó, y su conductor se paró del asiento y la acomodó en una orilla de la carretera.
De dónde ha venido usted, pregunta el conductor. Ya es raro ver autobuses, el combustible antiguo escasea y aparte ¿quién quedría manejar un coche en esta época?. También es raro que vayas en esta dirección. Pasando unos cuántos kilómetros más ya casi inicia la zona cero. Por aquí dormimos con miedo por que dicen que aún hay mucha radiación y puede llegarnos. Por eso ya nadie ha regresado a vivir ahí, ni hay razones para adentrase a menos que andes huyendo o vayas a tirar esa chatarra con ruedas bajo tu propio riesgo. ¿De qué año es? Seguro la tienes desde que eras más joven que yo.
En efecto no recuerdo cuánto he avanzado con esta reliquia, le dice mientras le ofrece un cigarrillo y le da unos pequeños golpecillos a uno de los costados de la puerta del autobús. Me hice de ella porque tenía muchas ganas de ver el mundo. Visité y conocí muchos lugares, vi cosas buenas y malas, y en las malas me lamento no haber ayudado y sólo haber ido a dar la vuelta. Pero ahora finalmente tengo una misión. Llevo muchos días viajando desde lejos. Y extendió su mano apuntando su dedo índice en dirección hacia el oriente.
Hasta hace unos meses, ese desgraciado los seguía matando. No podía comprender por qué a ellos y no a nosotros los viejos. ¡Son sólo unos niños! El muy maldito aún quiere llevarse a todos. No teníamos rastros de alguna posible cura, aunque las transfusiones solían mejorar su estado brevemente, pero no los aliviaron. Pero entonces me contaron lo increíble. No había escuchado una noticia tan buena desde hacía mucho. Busco esa esperanza con las últimas fuerzas de mi vida.
El hombre de la nave acabó de fumar y replicó:
Me alegro de esas buenas noticias. Pero yo aparte de escucharlas, he visto con mis propios ojos lo más asombroso. Detrás de esos árboles que ves allá, está un río. Estaba tan seco y contaminado como los demás ríos de por aquí. Nosotros mismos nos lo acabamos. ¡Pero hace unos días volvió a brotar agua de todos lados y con muchos peces! Corre tanta agua como en aquellos tiempos. Yo mismo no lo podía creer. Pero he ido canal por canal y brazo por brazo para confirmarlo, y es verdad. ¿Sabes? Dicen que es obra de una mujer y de un hombre. Dicen que tienen poderes y que esto ha sucedido debido a su paso por aquí.
El anciano exclamó: Recuerdo que mi equipo fue a buscarme para decirme que había un paciente curado del virus. Estaba recuperando muy rápido su salud después de una transfusión; la voluntaria fue una mujer que iba a acompañada de un hombre. Pero ¿sabes? El agente, en realidad, estaba en su vientre.
El hombre de la nave replicó: ¿Bromeas? Esa mujer y ese hombre llegaron a la casa de mis abuelos. Tocaron la puerta y les dieron de comer y los dejaron dormir ahí; por lo general no hacemos eso con gente extraña, pero no quisieron dejarlos afuera porque les dijeron que estaban esperando un hijo. Mis abuelos creyeron en ellos. Al amanecer partieron hacia allá, a la zona cero, no quisieron dar más razones ni tampoco nadie insistió en preguntarles por qué allá.
Si.. ya veo, siguió el anciano. Seguro ella no lo supo hasta después, pero las pruebas posteriores, arrojaron que estaba embarazada. Su sistema generó resistencia gracias al bebé que espera. Eso fue hace meses, hoy el niño que recibió su sangre ya está recuperado, no ha vuelto a enfermar y para este momento la mujer no debe tardar en alumbrar. Como verás no ha sido fácil buscar su rastro con los satélites inservibles y el planeta de cabeza.
Pero esa noche era mágica. El camino estaba trazado.
¿Por qué a la zona cero? Hay puros escombros y animales de ganado.
Si supieras que pronto nacerá quien pueda salvarnos ¿Te quedarías en el mismo lugar podrido donde el peligro, la desesperanza y la muerte ahora gobierna, o buscarías refugio en algún lugar hasta el fin, donde nadie se atreva, lejos de esta inmundicia? ¿Y qué tal si ese lugar, antes tan temido, ahora es seguro? ¿Qué tal si ha recobrado su pureza? ¿Qué tal si es solo un regreso a donde comenzamos? Porque al final, el universo avanza pero algún día, va a regresar a su mismo lugar. Todos vamos a regresar.
La zona cero es lo más seguro para ellos hasta que ese bebé nazca porque ahí nuestro porvenir comenzará de nuevo. Cuando el salvador nazca.
Entonces ¿cómo saber el punto exacto en donde están?
…
Yo sé cómo. Un tercero apareció. Un adolescente como de unos dieciséis años a bordo de su bicicleta había permanecido observándolos, escondido en una una de las veredas.
Mis papás no creen en mí, he perdido su confianza, creo que no he sido un buen ejemplo o no soy lo que esperaban que fuera. Pero si encuentro al salvador, así como ustedes, yo también le daré lo que poseo, y le pediré por mí, y por ellos. Por eso me he escapado ahora que duermen. Porque él me enseñará a demostrarles que soy bueno.
El joven señaló el cielo. Esa estrella es especial, no estaba ahí antes, sé que es la señal. Será nuestra guía. Pero el camino aún será largo. ¿Alguno de ustedes puede llevarme?
Ya amanece, niño, se hace tarde. Sube tu bicicleta a esta vieja chatarra con ruedas.
Entonces los tres viajeros – el viejo, el hombre y el muchacho – pusieron en marcha los vehículos y emprendieron camino en dirección a donde apuntaba la estrella más brillante del firmamento con la seguridad de que pronto presenciarían la llegada del mesías.
Antes de que giraran las ruedas, el hombre le preguntó al muchacho cómo fue que supo de la señal y de que ese bebé decidiría el futuro.
¿Podemos saber qué cosa has visto o qué palabras has escuchado para creer en él?
No he visto ni escuchado nada. Respondió.
Esta noche tengo el corazón lleno de fe.