Abue

Hoy me levanté temprano (raro en mí cuando no trabajo) para tomar el autobús más próximo a Tecpan. Allá mucha de tu familia ya se encuentra. Vamos a celebrar un día tan anhelado por todos, después de todo lo que has tenido que pasar estos años recientes. Después de las batallas que llegaron. Yo no celebro tu vida, pues creo que la vida es una celebración diaria, y tú te has encargarlo de celebrarla desde hace tiempo en cada amanecer. Celebro que estés conmigo, que tu rostro se dibuja de alegría cuando escuchas mi nombre, así como a mi me llena de dicha el alma saber que para nosotros el tiempo no pasa. Gracias por tus cuidados cuando mamá no estaba, cuando me enfermaba y junto con mi tía Rosa cuidabas de mí, por todos tus cuidados, regaños. Fueron mis primeros trece años los que pasé contigo, y en el cual el amor de madre lo dividí en tres. Gracias por haber respondido cada vez que me ibas a dejar a casa, cuando desde la ventana te gritaba “Adiós, abue!” una y otra vez, queriendo escuchar también tu voz hasta que tristemente te perdieras al dar la vuelta al callejón. Gracias por los chicles de menta. Gracias por no acusarme cuando te tomaba dinero para comprar cajas de colores. Gracias y más gracias por haber tenido la dicha de ser uno de tus nietos. ¡Salud, abue!

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