Alegoría del chirundo

En el año 2016 me postulé con un proyecto para el PECDAG titulado “Alegoría del chirundo” en la cual proponía diálogos entre el desnudo y la máscara folclórica guerrerense. El proyecto no fue aprobado por el jurado calificador, pero decidí echarlo a andar de manera independiente, y agregando nuevos diseños de máscaras de mi autoría.

Tengo una anécdota muy curiosa sobre cómo empecé a dibujar, y eso fue cuando era apenas un niño, como de seis o siete años. Durante un paseo matutino con mi mamá, a menudo nos deteníamos en el puesto de revistas. Un día por casualidad, una imagen se atravesó frente a mis ojos en forma de revista erótica o porno. Dos mujeres desnudas acercaban sus rostros para darse un apasionado beso, y dejaban ver al descubierto sus pechos. Yo quedé fascinado por lo que vi. Era algo nuevo. Me fui a casa con tal imagen y comencé a dibujar esas mujeres que había visto. Ése beso. Y después esas mujeres se convirtieron en una mujer y un hombre, y luego un hombre con otro hombre, y después muchos hombres y muchas mujeres. Era un niño de siete u ocho años que dibujaba «monos» desnudos, hasta que mamá y mi abue me prohibieron no volver a dibujar tales cosas. No pude explicarles que yo no sentía morbo o algo por el estilo, porque no sabía tampoco lo que significaba. Simplemente era algo nuevo. Algo muy bello. A medida que crecí comprendí el por qué del enojo de mamá. Dibujar mujeres y hombres desnudos fue una actividad siempre clandestina, lo era más en la adolescencia, mientras descubría mi sexualidad y ese era mi medio catalizador. Cada vez que mi madre los descubría, eran siempre días pesados y vergonzosos.

Admirar la belleza del cuerpo humano en todas sus formas nunca fue pecado, ni malo. Mis dibujos de amor eran eso. Era, en todo el morbo que pudieran haberle adjudicado, una total entrega a la pasión, al éxtasis, al templo sagrado del cuerpo desnudo. Representar el desnudo con algo tan místico y representativo como nuestras máscaras, significa para mi un acto de liberación y poder.

El elemento de lo «chirundo», es la sensualidad, picardía y la felicidad nata de nosotros los guerrerenses – sobre todo los que habitamos en las costas – resumido en una sola palabra. Me resulta una triada maravillosa que lleva a la figura humana a entablar distintos diálogos. Portar una máscara es convertirse en otro ser, y el significado de cada una de nuestras máscaras cuenta una historia plagada de misticismo.

«Alegoría del chirundo» o el «chirundiario», es una serie que me satisface de muchas maneras. No sé cuando terminará. Espero algún día poder exhibirla, pero mientras tanto, sigo admirando la belleza del cuerpo, los actos de amor, el hecho de entregarse a otro y juntos tener la sensación de poseer un tesoro, como esa primera vez que lo tuve frente a mis ojos.

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