Lecciones

Una de las lecciones más importantes que recibí durante la universidad, fue con la Dra. Neysi Palmero. La tarea consistía en redactar en días previos, una crónica de actualidad que respetara los principios básicos que rigen el oficio periodístico. Llegada la hora, teníamos un compendio de relatos en su mayoría de tinte policiaco, político y deportivo. Todos sentíamos que habíamos hecho un trabajo chingón. Se leyeron en voz alta algunos, entre ellos una extensa historia presentada por una compañera acerca de una madre soltera que trabajaba casi a 24/7 para sacar adelante a su hija pequeña. Al terminar, la opinión de muchos resultó en una unánime calificación negativa y un chiflido colectivo. La razón se debía a que según nosotros, la crónica de nuestra compañera no era de interés. Fue entonces cuando mi maestra, en una justa defensa, nos puso en los zapatos de la protagonista de la historia, y de su sentir. La profesora Neysi nos hizo profundizar en la crónica desde un ángulo emocional y moralmente reflexivo y nos exhortó a no olvidar nunca el valor más importante: el valor humano.

Es 2020. La información fluye de golpe en tiempo real, y es el puntero de reacciones inmediatas por excelencia. Las fuentes son más locales y el flujo informativo se da entre círculos más comunitarios. Uno de mis mayores pesares es ver cómo en redes, la profesión periodística, su compromiso social y su ética se perdió a medida que confundimos periodismo con una práctica de comunicación convencional.

Es aquí donde los que se han acercado al área de los medios, y se han comprometido formalmente a la práctica – tengan bases académicas o no – deberíamos de replantearnos qué clase de contenido estamos emitiendo y si ése contenido como tal, está cargado de la verdad y la imparcialidad necesaria, pero sobretodo del valor humano que se necesita para que nuestro entorno inmediato sea mejor.

Las prácticas de comunicación son naturaleza propia de cualquier persona, se tiene el derecho y el espacio de hacerlo, con las herramientas a la carta que el medio le ofrece. Pero eso no es periodismo.

El periodismo encierra mucho más que eso, requiere de ciertas habilidades y códigos de ética, que aunque no se quieran ver, están ahí como pauta para un buen contenido y claridad en el mensaje. Arroparse del calificativo debería de ser algo cauteloso y responsable, pues al hacerlo, el comunicador se compromete también no solo a señalar o a exhibir la verdad. Si hablamos de periodismo de opinión, debemos hacerlo con inteligencia y elegancia literaria, sacando provecho de las expresiones populares para enganchar al público y que lo disfrute. Si de comunicación comunitaria se trata, el sentido de unión debe perseverar. O sea que es responsabilidad también que a través de su material, pueda encaminarnos con discreción, respeto y destreza hacia un campo de solución, sin agresiones ni divisiones entre la comunidad.

En temas de nutrición, alguien dijo que somos lo que comemos. Con la información ocurre lo mismo que con la comida. La información en forma de noticia o cualquier tipo de expresión, es alimento mental que inevitablemente digerimos cuando lo vemos, entrena nuestros gustos puedes encontrarla en todos lados. De nosotros dependerá cómo la queremos servida. Procuremos pues, que sea algo de calidad.

Recuerden: cualquier oficio chido, saca lo bueno de nosotros y no lo peor.

Juntos de nuevo

Volver a casa ¿Pero cómo se puede volver cuando nunca te has ido? ¿Cómo es que el patio de la casa vuelve a tener el color de miles de días que estuvieron encerrados en el atardecer? Estos días de resguardo, estos días del presente, si algo me han dejado, es que han sido también para valorar la infinita dicha de estar, los que podemos, juntos un día más y tenernos. Varios se fueron, pero llegaron otros a llenar el vacío, a repintar las marcas de la bicicleta, del gis de la rayuela. Llegaron a encender más luces de  bengala, a reavivar el verde del almendro, o del árbol de toronja, o el de guayaba, u otro fruto nuevo. Y cada vez al bailar, al romper la piñata, te detienes a pensar por un momento el “cuánto más”. Entonces, deseas con todas las fuerzas, que al menos, los que aún estamos, se queden para siempre en el patio de esta fiesta.