Las ventanas

Las calles se llenan de silencio desde las 6 de la tarde; a esa hora todos ya estamos en casa. Sólo es precaución. Eso no podría venir hasta acá. Nadie lo siente. Nadie lo tiene. Escuchamos rumores sobre gente que se fue de eso. Pero nadie puede asegurarlo. Nadie está ahí al lado.  El duelo es algo sumamente personal y privado. Muchos aprendimos, a viva manera, que la pesadilla es real y siempre estuvo cerca.

En las estadísticas locales sólo había números, pero no había rostros. Tal vez por eso, el silencio, el flujo de las calles de repente vuelve a veces a su cauce habitual. La ciudad se resiste a esconderse del “animal”.

Pero en el confinamiento, por las calles se sigue paseando la muerte, nadie quiere asomarse a verla, pero ella sí se asoma a ver a quien le toca el pase que lo llevará a tierras muy lejanas, entre luces que se prenden y apagan, nos escondemos de ella, enfermos, cansados y débiles. En todas las casas hay deseos de esperanza, gestos de cariño, palabras de apoyo, llamadas de auxilio, y noticias tristes que se escapan al mirar por las ventanas.

«Las ventanas» / Acrílico sobre lienzo / Aprox. 80 x 100 cm

 

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