Reflexiones sobre el caso de Geraldine y Studio Ghibli

Algo sobre el caso que ha trascendido, el de la diseñadora colombiana que aseguró haber participado en la última película de Hayao Miyazaki.

Durante estos días nos servimos muy a gusto de toda una oleada de memes que surgieron después de que el internet desmintió a una diseñadora que aseguró haber participado en “El Niño y la Garza”, la obra más reciente del maestro Hayao Miyazaki.

Si hablar de Hayao Miyazaki o Studio Ghibli ya son palabras mayores, son muy pocos los bendecidos que tienen la fortuna de trabajar en el estudio de animación más querido, por tal razón el testimonio de la diseñadora de origen colombiano resonó por todas partes. En un giro desafortunado, sus palabras quedaron como parte de un hoax que tuvo repercusiones negativas principalmente para su persona. De este caso, me gustaría sacar algunas reflexiones:

¿Hizo mal? No. Más bien no fue lo correcto. La joven tiempo después tuvo el valor de reconocer que cometió un error al comentarle a algunos “amigos” que había tenido participación en un proyecto tan grande como lo es una producción de Studio Ghibli. Es de suponer entonces que fueron los amigos los que se encargaron de difundir el testimonio de ella y viralizar la noticia. No sé muy bien cuántos años tenga ella, pero sé que es muy joven y seguro tiene bastante talento, pero me pongo a pensar en hace más de una década cuando no había tanto golpe mediático, de qué manera yo y mis contemporáneos manejábamos el flujo de información. Decir algo así no habría repercutido absolutamente en nada. El comentario – sin pruebas – no se habría escapado más allá de la cafetería, del comedor o del MySpace. Avanzando en el tiempo, parece que alguien no contempló lo que el impacto de una noticia de tal proporción genera hoy y que aparte ese impacto crece. Por mi parte, cuando la ocasión lo permite, no desaprovecho en presumir mis logros, los tomo muy en serio, les doy una maquilladita para que se escuche o se lea más bonito, los adorno y los coloco en las alturas, ya que son logros que cada día atesoro, y lo mejor: son míos. ¿Está bien promocionarnos por algo que no hemos hecho? Definitivamente no. ¿Está bien admirar nuestro propio trabajo, echarle montones de flores y creernos merecedores de un lugar especial entre la gente y los estudios más importantes? Por supuesto, porque podemos lograrlo.

¿Pudo ser verdad? Sí. La tecnología al día de hoy permite trabajar a la par y a distancia con cero limitaciones, y conocemos montones de casos reales en los que bastó el talento, la perseverancia o un golpe de suerte para que una gran oportunidad surgiera. En la experiencia personal, recuerdo que una vez mandé mi portafolio a Gameloft. Con nada de experiencia en programación y para ser sinceros, conocimientos técnicos muy escasos, recibí una respuesta muy alentadora para continuar el proceso de evaluación. Es decir, no tuvieron restricciones respecto a mi perfil y fueron accesibles en todos los sentidos, dándome todas las herramientas para evaluarme. En otra ocasión, durante un seminario de animación en Acapulco, Ricardo Arnaiz, dueño de Animex comentaba gustoso de que para trabajar en su estudio, en su proceso de evaluación el único requisito era saber dibujar.

¿Cuál es la verdad de esto? Si bien el debate siempre es bueno, y el poder de las redes desarrollan la opinión pública, estos desenlaces continúan ventilando una controversia ya antigua, que son los límites de la sociedad de la información. En una cultura dominada por las TICs (Tecnologías de la Información y Comunicaciones), difundir información que podamos confirmar e identificar sus fuentes es una obligación, una medida lógica y honesta. Sin embargo, la realidad es que ya es raro que se tome en cuenta esto. No es que nadie se haya preguntado si la chica estaba mintiendo, no es que a nadie se le haya ocurrido pedirle pruebas de su hazaña. Simplemente a nadie le importó. En una jugada arriesgada que va a garantizar que uno sea el primero en difundir la información más exclusiva o un contenido que será compartido por millones, uno mismo se pone la venda en los ojos. La costumbre hace a los receptores pasivos y la información se da de la forma más digerible posible, porque el tiempo es demasiado poco y el timeline se actualiza cada minuto. Los que recibimos esta información tampoco queremos quedarnos atrás, total que ha llegado el día en que todos estamos en la misma cancha. Las reglas cambiaron desde hace mucho, todos queremos jugar y también un minuto de fama, pero al final tampoco nadie quiere aceptar su responsabilidad en el partido.

El niño y La Garza, aparte de que es una obra bellísima, aquí en Latinoamérica celebramos un triunfo que esperamos pronto o algún día, de verdad suceda. Si Miyazaki-sama puede leer esto, quiero también decirle cuánto lo admiro, que sueño con conocerle, estrecharle su mano y que me diga que mi trabajo le sorprende, y que mucho de lo que haga a partir de ahora, será aspirando a que el señor quede maravillado por lo que hace el mexicano o el tecpaneco. Los memes no paran, y la verdad es que tampoco decepcionan, y la diseñadora seguro aprendió la lección. Por cierto ¿Cuántos de los medios o del ‘yutub’ habrán salido a pedir disculpas por haber sido participe de un tremendo fake news? ¿Qué opinas sobre esto? Cuéntamelo en los comentarios.

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