Amado blog

Hace más de seis años me hice de un blog. Me pregunto si los jóvenes cibernautas de hoy sabrán lo que significa realmente un blog. He leído desde hace tiempo que la era de los blogs ha terminado, y sin embargo, entre más leo acerca de su decadencia, más ganas me dan de cerrar Facebook o Twitter, y mantenerme en el exilio virtual pero placentero que me proporciona mi amada diario virtual.
En plena era de redes sociales donde el objetivo principal parece ser el de alcanzar la mayor cifra de la “friendlist” son pocos los que seguimos, para bien o para mal, fieles a la dinámica tradicional que en un principio nos ofrecía un ciberespacio con herramientas limitadas. Los pertenecientes a mi generación, utilizamos dichas herramientas para expresarnos libremente. A falta de los conocimientos que se requerían para armar un sitio web, muchos encontramos la posibilidad de crear contenido de forma fácil. El diseño y la personalización de nuestro espacio fue un plus.
Con la llegada de los blogs, los inmigrantes digitales comenzamos a hablar sin censura de lo que realmente nos gusta, siendo nosotros mismos. Esto es lo más cercano a un sitio web personal, si de personalización hablamos, con la diferencia de que el primero no requiere que tengamos conocimientos de html, y nos ahorra el paso de armar páginas o encontrar un hosting para nuestros archivos. En teoría no tengo que preocuparme por los pasos informáticos anteriormente mencionados. Tan sólo tengo que preocuparme por escribir o postear lo que he realizado… ah, y por la correcta ortografía: una facultad privilegiada entre la sociedad virtual y sus “timelines”.
Es por eso que hasta el momento sigo siendo fiel al blog. Se habla de su muerte, pero yo veo más bien la supervivencia y renovación de su lenguaje. Hemos visto nacer y morir diferentes estructuras masivas para comunicarse y socializar a través de internet: Comunidades y Chats, Fotolog, Metroflog, Hi5, MySpace. En medio de este desfile, Blogger y WordPress, principales protagonistas en el florecimiento de los blogs, se han mantenido también fieles a su estandarte. Se renuevan lentamente, y eso hay que agradecerlo, pues aunque sea difícil reconocerlo, los que optamos por su uso, en su mayoría somos cibernautas ya adultos, cada vez más anacrónicos a los cambios constantes que propicia nuestra cultura tecnológica.
En mi blog y en los que visito me mantengo sumergido en información perpetua, me propone una idea cronológica de los tiempos que han pasado y los que estamos viviendo.
En mi blog no tengo “likes”, ni recibo comentarios al minuto de haber creado algo. Tampoco tengo estadísticas exactas para saber quién me sigue o qué tanta popularidad tengo. Pero tengo la satisfacción de saber y darme cuenta que la gente que sigue mi trabajo y realmente le gusta, está ahí, se toma la molestia de ver, leer lo que escriba, así sea un renglón o extensos párrafos y con suerte se paseará por pasajes escritos a través de los años.
Tengo la alegría de saber que viejos colegas bloggers siguen también en dicha plataforma, también la usan como su medio de comunicación principal, y de que a veces (muy a veces) recibo la sorpresa de un amigo que me escribe desde su recién creado blog.