La nueva peli de #streetfighter es lo más cercano a una carta de amor al videojuego. Aunque algunos la están destrozando, diciendo que es ridícula, simple y que tiene una trama poco profunda. Sin embargo, para los fans es todo lo que esperábamos y necesitábamos: buenas peleas, muchísimas referencias, fabulosas secuencias animadas y, ¡por fin!, después de 32 años y dos películas, vemos a los personajes hacer sus movimientos y poderes emblemáticos. Incluso hay espacio para un pequeño homenaje a la película de 1994 y al Bison de Raúl Julia, que hoy más que nunca se ha vuelto tan entrañable como insustituible.
Y es que esta nueva versión no está peleada con su antecesora; ambas vibran de la misma forma, pero la nueva entrega pulió y añadió elementos que hacían falta.
En la película de Van Damme, el interés se mantenía mientras el desarrollo de la historia iba transformando la indumentaria de los personajes hasta acercarla, poco a poco, a los trajes originales, algo que no terminaba de concretarse sino hasta el final. En esta nueva entrega nos ahorramos la transición: tenemos peleadores y madrazos sacados directamente de la maquinita desde el minuto uno.
Por eso esta película es lo que es, no es perfecta pero todo aquel que se declare admirador de la franquicia o del juego de los años noventa va a disfrutarlas, y no traten de encontrarle un sentido, entiendan, no lo hay, no lo necesitamos, es solo Street Fighter y qué chido que eso sea todo.
