Hace un par de años visité Mochitlán y me tocó ver el anuncio de su feria en honor a la Virgen de Santa Ana. Esta celebración es una de varias que se realizan entre julio y agosto.
La Virgen de Santa Ana, conocida como “la abuelita”, junto con la Virgen del Rosario, fueron intercambiadas entre los pueblos de Tecoanapa y Mochitlán en 1540. Se cuenta que, tras una restauración, la imagen de Santa Ana se volvió tan pesada al pasar por Mochitlán, que ya no pudo avanzar. Sus habitantes interpretaron esto como una señal y decidieron rendirle culto, convirtiendo al pueblo en su santuario.
En estas fechas no falta el fandango guerrerense, con danzas tradicionales y otras poco comunes, como la de los pescados. Al terminar el desfile, la gente se reúne en la casa del mayordomo, donde la familia anfitriona recibe a los participantes en agradecimiento.
Pero todo esto es apenas la antesala: el día grande llega en agosto, cuando la abuelita sale a las calles de Mochitlán para ser venerada por sus fieles devotos.

























