Estoy disfrutando mucho leyendo El demonio que nos habita de Fernando Yacamán. Cada uno de los relatos que reúne en este libro son intensos, magníficos, con mucha alma de estas tierras costeñas. Me encanta la manera en la que escribe.
San Miguel de la Costa —el lugar donde ocurren las historias— podría ser cualquier pueblo de la región, con las mismas pasiones, obsesiones y secretos. Los hombres y mujeres que lo habitan viven y mueren al límite: atrapados en amores clandestinos o prohibidos. Las plegarias de los amantes para que el Dios Roto o la Virgen de los Acantilados les conceda un milagro desaparecen en el mar. Pero escuchados o no, un cuerpo caliente y sediento termina siendo más devoto de otro cuerpo que lo lleve de noche al paraíso.
Fernando Yacamán tiene nuevos títulos igual de sabrosos, donde sigue explorando el líbido costeño y las tensiones humanas con la misma fuerza narrativa. Hace un par de años coincidí con la presentación de este libro; gracias a José Luis Correa tuve la oportunidad de conocerlo y convivir con él y le tomé estas fotitos.





