Por tres años he sido testigo de una de las celebraciones más impresionantes de Guerrero: los festejos a la Virgen de Guadalupe en El Paraíso, sierra de Atoyac. Desde el 1 hasta el 13 de diciembre, las calles se llenan de color y movimiento con tlacololeros, chinelos y diablos encabezando las peregrinaciones. Lo más admirable es que casi todos los participantes son jóvenes de la comunidad, comprometidos con mantener vivas sus tradiciones. Un tributo de jornada completa, donde la devoción se mezcla con la algarabía, haciendo de esta fiesta algo único.
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