Jesús Rendón, padre de la pintura en Tecpan

Don Chucho Rendón ha dedicado casi toda su vida a pintar. Es un placer ver nuevas obras de él cada año durante las fiestas de agosto en honor a San Bartolo.

Tecpan, cuna del insurgente Hermenegildo Galeana, se resiste a ser un pueblo perdido en la ruralidad. Se resiste a la violencia que azota al estado. Se resiste a sus constantes movimientos telúricos, así como al fervor hacia sus santos. Cada año, se conmemora al santo patrón del lugar, San Bartolomé Apóstol. Durante su celebración las danzas típicas de la región se hacen presente. En las artes, las alusiones a esta fiesta tampoco pueden faltar. No hay artista o artesano local que no la aborde. Los festejos a “San Bartolito” como le decimos acá, es un tema recurrente. Sus pobladores no dejan de contemplar con admiración cualquier obra que la evoque.

En una de las calles del centro, entre la iglesia y la capilla, se llega a la galería semipermanente de Don Chucho Rendón, nuestro artista vivo más querido. El lugar es demasiado pequeño para tantos cuadros. Muchas son obras de tinte histórico en las que vemos personajes legendarios de la Guerra de Independencia y por supuesto los de rigor: danzas, fiestas, pueblo, algarabía, don Chucho es su narrador por excelencia. Sus acabados al óleo y las pinceladas se mantienen con la seguridad de setenta y tantos años dedicados al arte.

Jesús Rendón es el cronista visual de Técpan y padre de la pintura hecha aquí; es alguien a quien tenemos que ver como referencia obligada en nuestras raíces pictóricas. En sus trabajos asistimos a momentos comunes del ayer, a los billares de la esquina donde nuestros abuelos intentaban liberarse un poco después de la dura jornada, de los burdeles escondidos a orillas del río, de sus humildes casas entejadas, de las calles de terracería, hogar de perros, gatos, hasta “cuches” sin dueño que merodeaban por las noches.

Don Jesús fue quizá el primero de la localidad en dedicarse a pintar, en una tierra de hombres empistolados, entregados al ganado o a la agricultura, de ahí han salido tantos, motivados por lo que él comenzó. Creemos que el momento glorioso de su obra todavía no llega y sólo podamos darnos cuenta de su valía una vez que la urbanización termine por devorarnos, cuando sus pinturas alcancen a ser los únicos testimonios del pueblo de nuestros recuerdos. Recopilar todos sus trabajos parece imposible. Ha vendido tantos cuadros de los que no se pudo hacer registro.

La galería de Jesús Rendón está abierta durante las fiesta de agosto y es gratuita; él mismo la alista desde muy temprano todos los días, se apresura a iniciar su trabajo, nos recibe a los lugareños y a los que vienen de fuera, dándonos un gran ejemplo de alguien que ama lo que hace, que nos regala arte en un lugar en el por mucho tiempo no existieron espacios para el arte. Esto, para los años que tiene y las generaciones que han pasado, ya dice mucho. Nos propone a sumarnos, a demostrarnos que hay otros caminos. Lo que ahí expone es patrimonio de una comunidad que resiste y mantiene su historia.

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