El héroe de mi pueblo

Hace algunos días, las redes sociales en Tecpan fueron implacables al desaprobar por unanimidad la intervención invasiva de un mural de gran valor. La acción, realizada con fines de propaganda política, fue considerada un atentado cultural, pues destruyó parte de un legado artístico que había marcado a la comunidad.

El mural de Don Herminio Rendón formaba parte de una serie de tres obras creadas en 2015 por Addi Fernández “Facte”, dentro del programa estatal Caravanas Culturales por la Paz durante su paso por la Costa Grande. La serie, titulada El Héroe de mi Pueblo, buscaba honrar a tecpanecos que dejaron una huella invaluable en la historia local.

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Estas obras significaron mucho para quienes vivían de cerca la difusión cultural y para los que la hacían posible. La creación de los murales propició una participación comunitaria genuina hacia el arte local, algo que no se veía desde hacía tiempo. Fue un parteaguas para muchas cosas que se hicieron después bajo esa línea y de la mano de otros pintores como Wipo Mata, quien tambien se encontraba haciendo obras con la misma carga alegórica, y que consolidó años después con su proyecto de Ruta Mural.

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Siempre reconozco a Addi como un artista de gran nivel y una persona de primera. Su paso por Tecpan refrescó la percepción de los murales y de la pintura en sí. Tanto que en El Ticuí también encontramos obras suyas siguiendo la línea de El Héroe de mi Pueblo. A raíz de ello, quienes pintábamos aquí comenzamos a experimentar con un enfoque más cultural, rescatando la valía de los tecpanecos de antaño.

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De las tres obras de Facte solo queda la de nuestra querida Pilinca, cuyo mural incluso tuvo un revuelo enorme en redes a nivel internacional y el único que cuenta con una restauración realizada por el artista. No es novedad que el arte mural, sobre todo el que se realiza en la calle, esté destinado a desaparecer algún día: por las inclemencias del tiempo, que no perdonan ni al arte, o por factores humanos derivados de la exposición permanente. No es la primera vez que el mural de Don Herminio sufre daños visibles:

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La lección aquí es clara: debemos diferenciar entre lo cotidiano y la falta de respeto deliberada hacia un trabajo artístico. El arte conserva parte de nuestra memoria y nuestra historia. No siempre podremos rescatar su deterioro inevitable, pero al menos ahora habrá quien piense dos veces antes de volver a repetir una acción como esta.

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