Retratos

En la academia, una de las primeras tareas del maestro Marco Aulio Prado fue que realizáramos un autorretrato. No tenía dominio en dibujar facciones y mis autorretratos eran peores. Es difícil verse a sí mismo. Cuando el yo del pasado se hace tan distante, es cuando al fin puedo sentirme orgulloso de él y aceptarlo. No sucede lo mismo con las demás personas que pinto. Cuando se trata de otros, la pauta está en qué tanto te adentres a conocerlos, encontrar la luz de sus historias y el cariño que depositas en ellas.

El gran viaje

La mayoría de las cosas que hice entre el 2010 y 2017 fueron series de dibujos digitales y pinturas a las que decidí llamar «El gran viaje». Son el testimonio más temprano de cómo empecé a pintar. Tiene aroma a tiempos pasados, a nostalgia, a una infancia que  a muchos afortunados nos tocó vivir, pero sobretodo a la pureza e inocencia que nos regala esa edad.

Le he estado diciendo adiós a mis niños voladores de sueños. No es que no vuelva a pintar algo así, pero si lo hago, no será nada nuevo. Sería algo que no alcancé a hacerlo a tiempo. Veo esos trabajos y me siento contento. Fue una buena terapia para tratar de olvidar, para volverme a enamorar, y sí, logré hacerlo dos que tres veces. Quise hacer cosas fáciles, bonitas, quise meterme en sueños porque en los sueños uno se encuentra con mucha gente. La nostalgia se está yendo, el amor se queda. Las estrellas siguen ahí, las estrellas son bonitas, el cielo es bonito, un niño volando también lo es. Volando sin saber a dónde irá.

El futuro

2018 / El futuro / Acrílico sobre cartón / 27.5 x 34.5 cms

Y sé muy bien que no estarás. No estarás en la calle, en el murmullo que brota de la noche de los postes de luz… ni en los libros prestados, ni en el hasta mañana. No estarás en mis sueños, en el destino original de mis palabras… Me pararé en la esquina a la que no vendrás y diré las cosas que sé decir… y soñaré los sueños que sé soñar. Y sé muy bien que no estarás ni aquí dentro de la cárcel donde te retengo, ni allí afuera en ese río de calles y de puentes.

Fragmentos de El futuro de Julio Cortázar

Alegoría del chirundo

En el año 2016 me postulé con un proyecto para el PECDAG titulado “Alegoría del chirundo” en la cual proponía diálogos entre el desnudo y la máscara folclórica guerrerense. El proyecto no fue aprobado por el jurado calificador, pero decidí echarlo a andar de manera independiente, y agregando nuevos diseños de máscaras de mi autoría.

Tengo una anécdota muy curiosa sobre cómo empecé a dibujar, y eso fue cuando era apenas un niño, como de seis o siete años. Durante un paseo matutino con mi mamá, a menudo nos deteníamos en el puesto de revistas. Un día por casualidad, una imagen se atravesó frente a mis ojos en forma de revista erótica o porno. Dos mujeres desnudas acercaban sus rostros para darse un apasionado beso, y dejaban ver al descubierto sus pechos. Yo quedé fascinado por lo que vi. Era algo nuevo. Me fui a casa con tal imagen y comencé a dibujar esas mujeres que había visto. Ése beso. Y después esas mujeres se convirtieron en una mujer y un hombre, y luego un hombre con otro hombre, y después muchos hombres y muchas mujeres. Era un niño de siete u ocho años que dibujaba «monos» desnudos, hasta que mamá y mi abue me prohibieron no volver a dibujar tales cosas. No pude explicarles que yo no sentía morbo o algo por el estilo, porque no sabía tampoco lo que significaba. Simplemente era algo nuevo. Algo muy bello. A medida que crecí comprendí el por qué del enojo de mamá. Dibujar mujeres y hombres desnudos fue una actividad siempre clandestina, lo era más en la adolescencia, mientras descubría mi sexualidad y ese era mi medio catalizador. Cada vez que mi madre los descubría, eran siempre días pesados y vergonzosos.

Admirar la belleza del cuerpo humano en todas sus formas nunca fue pecado, ni malo. Mis dibujos de amor eran eso. Era, en todo el morbo que pudieran haberle adjudicado, una total entrega a la pasión, al éxtasis, al templo sagrado del cuerpo desnudo. Representar el desnudo con algo tan místico y representativo como nuestras máscaras, significa para mi un acto de liberación y poder.

El elemento de lo «chirundo», es la sensualidad, picardía y la felicidad nata de nosotros los guerrerenses – sobre todo los que habitamos en las costas – resumido en una sola palabra. Me resulta una triada maravillosa que lleva a la figura humana a entablar distintos diálogos. Portar una máscara es convertirse en otro ser, y el significado de cada una de nuestras máscaras cuenta una historia plagada de misticismo.

«Alegoría del chirundo» o el «chirundiario», es una serie que me satisface de muchas maneras. No sé cuando terminará. Espero algún día poder exhibirla, pero mientras tanto, sigo admirando la belleza del cuerpo, los actos de amor, el hecho de entregarse a otro y juntos tener la sensación de poseer un tesoro, como esa primera vez que lo tuve frente a mis ojos.

La gran caldera

Entre los archivos de mi blog se encuentra un cómic llamado «Edu y la gran caldera«. Es la combinación de dos visiones a través de un mismo hilo conductor. De ella he escrito y reescrito diferentes versiones, la he rebautizado con otros títulos y hasta la fecha ninguno ha sido el definitivo. La razón quizá se deba a que es y seguirá siendo una historia de amor, y hacer una historia de amor – pensada en alguien – implica riesgos, porque cada día surge una postura diferente acerca de lo que fue y lo que pudo ser. En este punto del dilema apareció un compañero insustituible, Javier Reyes quien el día de hoy celebra su cumpleaños y cuyo mundo literario se tiñe de oscuridad y de nostalgia, con la que me identifique desde el primer momento; su estilo nutrió la historia y le dio otro sentido, la ha vuelto más humana. Aunque, como lo dije, la historia aún no tiene una versión definitiva, la etapa final de su concepción está cerca y estoy seguro que muchos estaremos satisfechos. Mientras tanto, la promesa está hecha. Esta representación del personaje recostado en las colinas, se convirtió en algo emblemático, las tres son especiales, guardan muchos significados y cada una ya tiene su respectivo dueño y están en el mejor lugar, con quien tienen que estarlo. La más reciente: Acrílico sobre MDF / 40 x 50 cms